“Desnudas laderas, historia escondida”

En los montes de León se levanta esta singular montaña, que destaca por ser el último gran bastión montañoso hacia el este, antes de que la inmensa llanura castellana imponga su monótona ley. La sierra a la que da nombre tiene una orientación noroeste (desde el sur de Ponferrada) apuntando directamente al sureste (dirección Benavente), con su punto culminante en el pico Teleno de 2.183 metros. Los montes de León son en general montañas adustas, sobrias, de formas redondeadas, no son las más atractivas, vaya; son montañas alternativas, para disfrutar de buenas caminatas sin que te dé la sensación de estar caminando por una calle diciendo buenos días por aquí o buenas tardes por allá; el Teleno no es una excepción, no es el prototipo de montaña alpina pero tiene otras vertientes no menos interesantes…

En primer lugar propondré algo de información acerca de esta montaña, ya que no se puede amar lo que no se conoce, luego comentaré algo acerca de mi experiencia personal con ella. Las fotos no son de buena muy buena calidad ya que las originales todavía las tenía  en  el 35 mm de toda la vida.

Monte Teleno

Esta montaña es la dominante por altura en muchas decenas de kilómetros a la redonda y es por tanto, un auténtico punto de referencia y un gran mirador, sobre todo hacia la maragatería (la comarca de Astorga, antigua Asturica Augusta), ya en plena meseta. Los antiguos habitantes de la zona, los bravos Astures (mucho tiempo después, nuestra querida Asturias tomaría el nombre de esta región) a pesar de no tener instrumentos para medir la altura de una montaña, sabían de sobra cual era la que más mandaba, la llamaron Tilenus, nombre de un dios local. Bajo el imperio Romano, a éstos les vino en gana ponerle el nombre de su dios Marte, de manera que fue rebautizada como Mars Tilenus (Marte Teleno), ya que los Romanos, muy astutamente, utilizaban el sincretismo como parte de su estrategia para poder controlar con menos dolores de cabeza para el César de turno, un imperio tan grande, me explico en pocas palabras: respetaban las creencias y cultura populares y las adaptaban a la suya.

Esta montaña también guarda otra pequeña sorpresa, fue nada menos que la explotación aurífera más extensa del imperio Romano (la cercana explotación de las Médulas, muy cerca ya de la provincia de Ourense, fue sin embargo la que más oro aportó a Roma). A lo largo de la sierra del Teleno quedan restos de las numerosas explotaciones auríferas romanas, ¡hasta en los rellanos que están al lado del pequeño pico cimero, a más de 2.150 metros quedan restos de las balsas de explotación! No quiero ni pensar en las durísimas condiciones de trabajo que tuvieron que soportar los que tuvieron la desgracia de tener que trabajar aquí (de aquellas no había sindicatos).

Desde el punto de vista botánico o zoológico no soy capaz de destacar nada especialmente relevante, es una sierra que ha sido duramente castigada por los incendios y por un fantástico campo de tiro que “tuvo a bien” instalar el Ministerio de Defensa para que los militares se entretengan y se realicen lanzando pepinazos y jugando a las “guerritas”.

Se puede apreciar una parte del pequeño circo

Aquí se puede apreciar parte de un antiguo circo glaciar

Esta montaña la subimos hace varios años, a finales de Marzo, ya quedaba poca nieve. En la vertiente sur, por la que subimos había algunos neveros decentes a partir de unos 1.900 metros. La aproximación a esta montaña se puede hacer por muchos sitios, nosotros cogimos la carretera que va desde el pueblo de Corporales (comarca de La Cabrera) hacia el Morredero (1.890 metros) y que luego baja hacia Ponferrada. Unos kilómetros antes del Morredero, a unos 1.690 metros dejamos el coche en un rellano que se forma en una cerrada curva. La idea era subir desde allí hasta el Collado del Palo (1.839 metros) por un estrecho camino bien marcado (antiguo camino que unía el pueblo de Corporales con el de Molinaferrera, ya en la vertiente maragata) y, desde el collado, seguir el cordal hasta la cima, unos 4-5 kilómetros.

Al poco de empezar a subir por el camino hacia el collado me dí cuenta de que nos iba a costar más de lo que en un principio parecía una pateada más amable; sin espacio previo para ir calentando las piernas, aquella dura subida empezaba a hacer mella, en 600 metros lineales teníamos que salvar unos 140 metros de desnivel, lo que implica una pendiente media superior al 23% , y con la musculatura en frío supuso una tortura, parecía que nunca íbamos a conseguir acceder al puñetero collado. Después de retorcernos un buen rato por el empinado caminito, conseguimos alcanzar la “meta volante”. Nos tumbamos unos minutos para recuperar el resuello y dar unos buenos tragos de agua, después de oír las protestas de mi mujer por semejante comienzo (pronto empezamos…pensé), mis hijos aguantaron la subida como campeones.

Cima secundaria, bastante más bonita que la principal

Cima secundaria, bastante más atractiva que la principal

Al reiniciar la marcha no encontramos un sendero que llevara al cordal, así que decidí que prosiguiéramos un poco por debajo, por una zona de brezos y canchales en suave subida aparentemente fácil hasta que, a unos 1.900 metros de altitud se nos interpuso un buen pedazo de nevero, nos pareció la mejor opción atravesarlo, ya que la nieve nos llegaba a media pantorrilla y permitía un avance aceptable, pero a mitad del nevero las cosas empezaron a complicarse, de repente me enterré hasta por encima de la rodilla, -mal asunto- pensé, pero para empeorar las cosas Begoña acabó hudiéndose hasta donde las piernas pierden su honroso nombre y claro, explotó la tormenta: -mierda!!!, porque claro, mira por donde nos metes!!, como vamos a seguir por aquí!!, no ves que edad tiene Jaime?, eso que me habías dicho que no era difícil… -Bueno…ya queda poco -le dije-, -si estamos ya a mitad del nevero…no te pongas así…La verdad es que teníamos que salir rápido, pues con el cielo despejado y el sol de Marzo calentando de lo lindo nos estábamos asando como pollos en un grill, era muy penoso andar así, sumándole además el efecto de reflexión de la nieve. Afortunadamente el espesor disminuyó unos metros más adelante y pudimos salir casi medio cocinados, con Begoña bufando y mirándome con cara de odio mientras se sacudía la nieve del pantalón, mis hijos disfrutaron de lo lindo tirándose unas cuantas bolas. Yo aguantaba el chaparrón observando un viejo abedul retorcido por los fuertes vientos, sin duda marcando el límite del arbolado, ya que en el Noroeste singún árbol se atreve a pasar de los 2.000 metros, salvo la honrosa excepción del enebro rastrero que, por cierto, fuí incapaz de ver ese día. Después del trago de agua de rigor proseguimos en dirección a la cima secundaria que se empezaba a hacer evidente antes del pico principal y, al poco, ya pude ver los primeros hitos, -menos mal-, pensé, -ya encontramos el sendero correcto-. Benditos hitos, que nos indican el camino fácil… El sendero llevaba directamente al collado situado entre la cima secundaria y la principal, a 1989 metros. Desde el collado, mirando al norte, contemplamos con agrado el pequeño circo formado entre las dos cimas, con bastante más nieve que en la vertiente sur, claro, aquí la nieve bajaba hasta unos 1.750 metros. En la cima secundaria, mucho mas bonita (2.031 metros), orientadas al este, se formaban unas espectaculares cornisas de nieve que debían tener varios metros de espesor todavía, formidables…

Bajo la cornisa de nieve se pueden apreciar unas huellas

Detalle de unas huellas, bajo la cornisa de nieve

Abandonamos los neveros del collado y nos dispusimos a afrontar la subida final (salvaríamos casi 200 metros de desnivel  en poco más de 500 metros) con tramos de buena pendiente, pero después de la preciosa vista que nos deparó el antiguo circo glaciar los ánimos de todos eran mejores…

Llegando a la cima

bufff…. llegando a la cima (se aprecia bien el contraste norte-sur)

Desde la cima las vistas son grandiosas: hacia el sur la Sierra Cabrera, hacia el Oeste los vecinos montes Aquiliamos y un poco más lejos las sierras de Peña Trevinca, limítrofes con Ourense, hacia el Norte la Cordillera Cantábrica, estábamos rodeados de montañas nevadas… y una vista que también me gustó especialmente, por distinta, fue la Este, mirando hacia el inmenso mar de tierra castellano, estábamos contemplando desde más de un kilómetro de altura los cercanos pueblos maragatos de Molinaferrera, Filiel y Chana de Somoza, allá en la lejanía se veía Astorga.

Un detalle que me causó mucha impresión ocurrió al mover sin querer una de las piedras que formaban el hito de cumbre; al colocarla en su sitio pude observar como había, por la parte que contactaba con la piedra de abajo, cerca de una docena de mariquitas (coccinella septempunctata). Es increíble que pudieran pasar el largo, frío y crudo invierno de estas alturas esperando revivir con la llegada de la primavera. ¿No les sería más confortable encontrar mejor refugio en los amables valles?…

Desde la cima se aprecian bien los vecinos montes Aquilianos

Desde la cumbre se aprecian bien los vecimos montes Aquilianos

Después de comer en el collado del pequeño circo (con banda sonora de las siempre presentes alondras), fuimos bajando, ahora si, ya por el sendero correcto, a lo largo del cordal, hasta el Collado del Palo, desde aquí al coche he de decir que sufrimos casi como a la subida, ya castigados por toda la caminata del día, se nos volvió a hacer larga la bajada, llegamos al coche con las rodillas casi temblándonos. La última visión agradable de la jornada fue, poco después de arrancar, un par de ciervos que nos encontramos en la carretera, paré un momento para que los pudiéramos observar como subían por un talud y se alejaban sin prisas por la ladera, ya en sombras, la noche acechaba.

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