“Y el ego se me despega.”

En este blog tratamos de contar nuestras experiencias intentando dar una perspectiva objetiva. Si, un baile de cifras y letras en vías, adjetivos descriptores de las montañas, direcciones que consideramos útiles, de bellas imágenes que vivimos. 6a, 120 metros, a la derecha de la fisura anaranjada de granito, y que bella es la montaña. Pero en esta entrada vamos a contar algo más profundo. Algo que, en mayor o menor medida, nos ha pasado a muchos de los que escalamos. Aquello que realmente nos atemoriza y nos mina por dentro: la caída.

Es complicado de explicar “objetivamente” lo que pasa por la cabeza. Antes, durante y después. Desde el origen, el por qué lo hacemos. El momento en que sucede. Y el después que no es menos importante. En este caso le llegó a un amigo. Víctor cayó escalando, llegando desgraciadamente a dar con su cuerpo en el suelo. Había realizado reunión sobre dos friends, de la que se descolgaba y de esas cosas del destino que fallaron. Tuvo mucha suerte de que no llegará a ser nada grave. Y necesitó escribirlo.

Este relato lo transcribimos tal y como nos lo ha envíado. Muchas gracias Víctor.

LO QUE NO QUEREMOS

escalando
me encuentro sujeto
a la vida y a la roca
con la yema de los dedos
y sucede, sin motivo ni porqué
que hay un momento,
infinitamente corto
en que el cuerpo flota ingrávido en el tiempo

tintinean dos cacharros que veo venir de frente
en elipses descendentes contra un cielo azul celeste
que no sé si veré más

gravedad, kilonewtons, julios, prusik, cuerda, pato y factor dos
el ombligo desde dentro me golpean a la vez

“me mato” grita el cerebro
“aparta” chilla y empuja el instinto a la vez
pulmones a tope, brazos preparados
piernas flexionadas, llegamos…

IMPACTO

y estampo contra el hueso de la tierra
mi diminuta osamenta
y el ego se me despega

me despierto, dicen que al momento, al mundo
mirando el lugar donde estaba hace un segundo
me incorporo cual resorte, “estoy bien”, dicen que dije
cinco, seis metros y medio. que ostión, “estoy bien” repito

cerebro conecta y dicta:
muñeca rota. dolor
cabeza, riñones, pierna
lengua mordida. dolor
en orden, letra por letra,
verdes en pantalla negra
como en MS DOS

¿estás bien? alguien se acerca
¿y esa sangre de la boca?
“bien, estoy bien” es la lengua.
huelo a miedo, sangre y roca
intento quitarme el ocho
y el arnés y, según pruebo,
veo (cerebro sabía)
mi muñeca del revés

“aquí atrás hay una herida, tranquilo, ven, túmbate”
mirando al cielo recuerdo repasar todo mi ser
dedos, pies, gemelos, muslos, tripas, orejas, rodillas
y todo lo que hay por dentro, entre el pie y la coronilla

TUF, TUF, TUF, TUF, TUF,…

ángel aerotransportado, san samur verde fofito
sale el dolor por la vena según entra el liquidito
el resto son frases sueltas. ¿qué tal? bien ¿te duele? no
¿quieres fumar? no, no puede. y de beber muy muy poco
¿puedes andar? dije si, pero me caí redondo
floté abandonado en otros, luego ruedas, curvas baches
olor a medicamentos, pruebas y algunos pinchazos

la ropa en el suelo, el alma muy por debajo
el cuerpo tumbado, el corazón casi quieto
la mente jodida, el ego no ha regresado.

creo que me lo dejé
amarrado a una cuerda
colgando de una piedra
que flota entre el sol y la tormenta

segundos, minutos, horas
duran infinito todas
cuerpos al lado de cuerpos
alguien ríe y alguien llora

blanca la sonrisa y no tanto la bata
“la espalda no hay que operarla”
alegría incontenible, y en medio del subidón
“vamos a ver ese brazo”
y aquel inesperado tirón
fue lo que más me dolió
desde hacía muchos años

los demás fueron peor, mucho peor
pero cesaron con un “crec” de mi antebrazo
sin dejar ni una huella ni un recuerdo de su paso.
escayola, guantelete, faja, reposo y pinchazos
y tres lunas en la cama, pies fríos, la mente en cachos.

panza arriba, inútil, quieto, acojonado.
primavera, diez y cuarto
libros, youtube, techo, colchón y pared.
fin de mayo, seis y diez
médicos, placas, papeles, agua, papeles y agua
8 de junio, las cuatro
repasando, reposando, recordando y recreando
veranazo

pero los soles calientan, y el olvido, regalo de los dioses
va haciendo su trabajo, siento fuerte la mano y no hay dolores
por suerte y sólo por suerte, no hay dolores

me voy moviendo por casa con cuidado
mear, una aventura, cagar, ciencia-ficción
me ayudan la mujer y la niña a las que amo
una calienta mis pies, la otra templa mi razón

me visitan familiares y amigos casi olvidados
caras de susto, de pena, de suficiencia y de enfado
les entiendo, les explico, y agradezco su contacto

el corsé, algo incómodo al principio,
me da la confianza de un andamio
los pasos no son seguros
pero qué coño, son pasos

la mano agarra el cuchillo
el cuchillo corta el pan
el pan se me cae al suelo
casi lo llego a tocar

el primer escalon cuesta
el segundo mucho más
esfuerzo igual recompensa
mi cama, otra vez mi cama

la mochila, más ligera que antaño, bien es cierto, no molesta
caminar, subir, sudar, mirar arriba, siguen siendo sensaciones placenteras
compartirlas con los mismos, mucho más, con los mismos, mucho más

y de nuevo, sin motivo ni porqué, otra vez me encuentro
al mundo y a la vida sujeto por los dedos
escalando.

GALERIA

Víctor nos enseña algunas de sus imágenes.

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