El rey de los Ancares

Segundo día en los Ancares y segundo día del verano, buena mañana para darle al calcetín. Cogemos el coche y desde Piornedo nos dirigimos al puerto de Ancares. Aparcamos unos cientos de metros antes de coronar; en la última curva cerrada, donde hay un rellano que permite dejar bien el coche, a unos 1620m. de altura. De esa curva parte una pista de tierra que en 200 ó 300 metros llega a un refugio. De aquí arranca el sendero que enfila directo hacia la ladera de Peña Veneira y que en unos 3 kilómetros más nos dejará en la cima del Cuiña; el techo de los Ancares, con 1992m. Como la mayor parte de las cimas ancaresas, esta montaña posee dos caras; desde Galicia se ve un perfil suavemente piramidal, de relieves amables y redondeados; pero desde el Bierzo ofrece su cara B; unos relieves más abruptos, una geografía más indómita, vertical y descarnada.

Cima del Cuiña

Cima del Cuiña

El pedregoso sendero sube serpenteando por la ladera de Peña Veneira y los cuatro caminantes vamos poco a poco cogiendo ritmo ante la sostenida pendiente, soslayando la citada cima por su flanco derecho, llegamos a unos rellanos, ya en el cordal. Nos cogió de sorpresa por inesperado el espectáculo de ver una manada de cabras montesas de muchas decenas de ejemplares; no exagero si digo que pudieran pasar de la centena. A unas decenas de metros del sendero, se calentaban tumbados al sol después de pasar la fría noche, unos 15-20 poderosos machos, orgullosos dueños de unas retorcidas cornamentas más largas que un día sin pan. En segundo término, un poco más alejadas, decenas de hembras con sus crías estaban subidas en la protección de un espolón rocoso. Me acerqué, todo lo que el sentido común me permitió, para sacar unas cuantas fotos. Pienso que debían estar relativamente acostumbrados a ver los extraños seres bípedos que con cierta frecuencia patean su territorio; ya que en sus ojos no pude observar en ningún momento el menor atisbo de temor o desconfianza.

Grupo de machos tumbados al sol

Grupo de machos tumbados al sol

Esta espectacular visión nos sirvió para encarar las duras rampas que nos esperaban de una manera más animosa, comentando lo que acabábamos de ver; mientras afrontábamos los 130 metros de desnivel que teníamos que salvar en medio kilómetro; hasta plantarnos a 1866m. ya con el Cuiña delante, sin ningún obstáculo que nos impidiera su vista. El sendero tiene que perder unas decenas de metros de altura para llegar al collado desde donde empieza la subida final, cuando observo lo que podría llegar a ser un obstáculo imprevisto. Unas cuantas vacas pastan las verdes hierbas del collado y distraídamente nos observan con su mirada bobalicona y filosofal; nada que temer… pero mira tú por donde que también hay un toro… que de manera nada distraída nos observa con su mirada adusta, resabiada y desconfiada. En un caso como éste la experiencia me dice que lo mejor es pasar sin hacer el menor caso; y eso es lo que hicimos. No pude dejar de mirar de reojo que el toro no se despegaba del lado de una de las vacas ni un palmo, era la vaca más barrigona. De verdad que me impresionó el instinto de protección del orgulloso padre. De alguna manera y no sé como, el toro sabía que en sus entrañas, esa vaca llevaba una nueva vida, sus genes y su estirpe.

Detalle del circo del Cuiña, cara noreste

Detalle del circo del Cuiña, cara noreste

Empieza la subida final, sólo nos quedan 500 metros para la gloria; pero antes tendremos que sufrir la penitencia de salvar los duros 160 metros de desnivel que supone rozar el cielo. A medida que vamos subiendo, el Cuiña nos va premiando con unas vistas envidiables; vamos observando el pequeño circo de origen glaciar que forma su cara noreste, que remata en su parte baja en una laguna de misteriosas aguas grises y verdes llamada Pozo Ferreira, a unos 1815 metros de altitud. Un poco más allá, en dirección Este, se levanta el pico doble llamado Dos Hermanitos (1898 y 1901m), unido al padre Cuiña por un cordal de lo más sugerente.

Subida final, abajo Pozo Ferreira, al fondo Dos Hermanitos

Subida final, abajo Pozo Ferreira, al fondo Dos Hermanitos

Cerca de la cima la pendiente se endurece por momentos, es la parte más dura. Resoplo como un viejo tractor, miro para atrás pero veo que los demás no van mejor que yo. Un poco más abajo sube otro montañero por el estrecho sendero. –¡Guten morgen, Gerhard!!!- Le digo con alegría a Gerardo con, sin duda, lamentable acento teutón. -¡Buenos días!- Me responde él con una estupenda pronunciación. El caso es que acabamos de subir los pocos metros que nos quedaban hablando con el simpático austríaco que tuvimos el gusto de conocer el día anterior en el Miravalles (1966m) (ver entrada del Miravalles). Aún hablamos un rato más con él en la cima mientras empezábamos a comer; comió algo con nosotros y se despidió emprendiendo camino hacia el Penalonga (1898m), la siguiente cima dirección Sur. Terminamos de recuperar fuerzas disfrutando de las inmejorables vistas hacia los cuatro puntos cardinales. No pude evitar asomarme a las fauces del abismo de su circo glacial y sentir esa extraña sensación, contemplando privilegiadamente desde casi 200 metros el cercano Pozo Ferreira…si tuviese alas…

Ya falta poco...

Ya falta poco…

Una vez acabado el magro rancho, decidimos separarnos. Begoña, Rodrigo y Jaime bajarían hasta el collado anterior a la cumbre donde pastaba el ganado y desde allí, sin perder altura, cogerían el sendero que lleva en unos minutos a la laguna Pozo Ferreira, a disfrutar del paraje mientras me esperaban. Yo decidí acercarme hasta Dos Hermanitos cogiendo el cordal secundario que arranca de la cima del Cuiña, en clara dirección Este, que en poco más de un kilómetro me dejaría en la cima. Empiezo en marcada bajada, por la cresta, teniendo incluso que usar las manos para hacer un pequeño destrepe. Tengo que perder altura desde los 1992m de la cima hasta poco más de 1800m antes de iniciar la subida. A medida que avanzo la pendiente va disminuyendo hasta ser llana. El perfil de este tramo se puede ver perfectamente en las fotos.

Cordal que une el Cuiña con Dos Hermanitos

Desde el Miravalles: cordal que une el Cuiña con Dos Hermanitos

Hasta aquí la parte fácil y placentera; porque cuando empieza la subida, también vienen las dificultades. La vía lógica se ve bruscamente interrumpida por un resalte rocoso; un impresionante farallón vertical de pizarras de entre 30 y 40 metros de altura imposible de acometer. Por lo que me veo obligado a soslayarlo por la derecha, perdiendo algo de altura; por la izquierda las pendientes son aún mayores. Tendré que afrontar en unos 250 metros casi 100 de subida. Empecé a pensar que fue una buena decisión que el resto del grupo no viniera, aunque Rodrigo se quedaba con ganas; ya que este pico tiene bastante más pendiente que el Cuiña y es, como iba a comprobar, más expuesto.

Dos Hermanitos

Dos Hermanitos

El caso es que el sendero deja de ser evidente y parece que se puede ir por varios sitios. Quizá no escogí el mejor y empezaba a agobiarme un poco entre la fuerte pendiente, las retamas que me estorbaban y que no dejaba de perder altura; tenía ya que estar subiendo… Cuando me quiero dar cuenta me encuentro el paso cerrado por una torrentera seca -¡mierda!!- solo pensar en retroceder me empiezan a caer los sudores. Con una zancada larga y agarrándome a las retamas, que antes me molestaban y ahora me ofrecían su ayuda, paso al otro lado. Respiro aliviado. Por fin veo la ladera franca hacia la cima y empiezo la dura subida. Un poco más arriba encuentro un desdibujado sendero que me confirma que voy por buena dirección. .Los perfiles claramente piramidales de Dos Hermanitos ponen a prueba mis piernas. -Me río del Cuiña… ¡ja!… bufff!!!…. ahhh!!!…-. Continúo la que parece una interminable subida bufando como una vieja locomotora de vapor, bajo un sol de justicia que castiga de manera implacable mi espalda. Llego a la primera cima (1898m) en un mar de sudor, respiro con alivio y bebo con avidez. Observo un pequeño muro que forma un semicírculo, a modo de vivac. Es evidente que alguien lo construyó para pasar noche aquí. Desciendo un poco y en unas decenas de metros subo el segundo pico (1901m.). Esta cima tiene un bonito hito de cumbre. Me quedo contemplando unos minutos, mientras descanso y me hidrato, la bonita vista del Cuiña y del cordal por el que vine.

Primer término: cumbre de Dos Hermanitos; a la izquierda en segundo término la segunda cumbre, al fondo el Cuiña

Primer término: cumbre de Dos Hermanitos; a la izquierda en segundo término la segunda cumbre, al fondo el Cuiña

Como tampoco estaba muy tranquilo, el resto de la manada la tenía en la laguna, decido emprender el regreso. Vuelvo al primer pico y empiezo la, ahora, dura bajada. De todas formas mejor que la subida, oiga… Los pasos me llevan inexorablemente por el mismo sitio que a la subida, teniendo que franquear la torrentera, que ahora me parece menos complicada; tampoco era para tanto…

Cuando empiezo la subida consulto el mapa y decido desviarme a la derecha, descendiendo por el cordal en diagonal, atrochando por la empinada ladera en franca dirección a la laguna. Paso por debajo de unos farallones pizarrosos y encuentro un sendero que me deja en 100 ó 200 metros en el Pozo Ferreira; donde nos volvemos a juntar los cuatro. Rodrigo y Jaime, sentados en una roca, tienen a remojo los pies, metidos en las frías aguas de la laguna; que se alimenta del agua que baja entre canchales, de los neveros anclados a los impresionantes paredones del circo del Cuiña. El silencio es tan grande, que se puede escuchar la extraña y delicada sinfonía que producen los cientos, miles de gotas que caen a la laguna de un gran nevero que todavía queda abrazado a su orilla.

Detalle de la laguna y circo

Detalle de la laguna y circo

Y aquí quiero, quedándome con estas gratas sensaciones, dar por acabada esta interesantísima ruta; que da la sensación de alta montaña sin llegar a serlo. Contemplando la belleza serena de esta laguna escondida entre interesantes montañas. Observando sus procelosas aguas; de las que cuenta la leyenda que si algún día llegaran a desbordarse, inundarían todas las tierras valle abajo, vaya usted a saber…

Laguna Pozo Ferreira

Laguna Pozo Ferreira

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