“Hay días que la montaña te lo da todo”

Galicia no destaca por ser tierra de altas montañas; las únicas que se atreven sobrepasar la barrera de los 2000 metros están en la provincia de Ourense. Allá donde se juntan la Sierra Segundera, Sierra Cabrera y Sierra del Eje, allá donde se unen las provincias de Ourense, León y Zamora, emergen en medio los gigantes gallegos: Peña Trevinca (2127m), Peña Negra (2123m) y Peña Survía (2112m), que es la que ahora nos ocupa.

Primer término: A Escrita 1897m, se ve perfectamente el camino que sale de la parte de arriba de la escombrera de la cantera. En segundo término a la izquierda Peña Survía, derecha Peña Negra, al fondo Peña Trevinca

Primer término: A Escrita 1897m, se ve perfectamente el camino que sale de la parte de arriba de la escombrera de la cantera. En segundo término a la izquierda Peña Survía, derecha Peña Negra, al fondo en el centro Peña Trevinca

Nos podemos acercar a estas sobrias y discretas montañas desde varios puntos. Nosotros elegimos la carretera que desde Sobradelo de Valdeorras (Ourense, en el valle del río Sil) sube hacia Casaio y atraviesa el cordal de la sierra, bajando hasta el pueblo Leonés de La Baña. Esta interminable subida de más de 25 kilómetros y que tiene que salvar un desnivel de unos 1500 metros, no tiene mucho que envidiar a los duros puertos de montaña de las etapas alpinas del Tour de Francia. Unos cientos de metros antes de terminar la subida, a la altura de una Estación Invernal que nunca llegó a funcionar, sale a la derecha una ancha pista de tierra en buen estado, que en 4 kilómetros nos deja en el paraje conocido como La Cabrita, donde hay una cantera de pizarra, a unos 1700 metros de altura. Desde aquí, ya andando, en 5 kilómetros alcanzaremos la cima.

La primera vez que subí Peña Survía, hace un buen puñado de años, dejamos el coche al comienzo de la pista que lleva a la cantera; con lo cual la caminata fue bastante curiosa. Pero no merece la pena este esfuerzo extra, ya que hasta después de pasar la cantera el recorrido no aporta gran cosa, es monótono, aburrido y poco atractivo. En esa ocasión fui con mi hermano y mi amigo Juan Antonio, un buen día de mediados de primavera. He de destacar que a pesar de decirle a mi hermano que podíamos dejarlo para mejor ocasión, se empeñó en realizar esta ruta con un tobillo esguinzado, el muy cabezón. Pero cumplió como un valiente, tengo que reconocerlo. De ese día, entre algunas buenas fotos y recuerdos, me traje para casa un espectacular soleado y un no menos extraordinario dolor de cabeza.

Junio, finales de primavera. En esta ocasión dejamos el coche justo antes de entrar en la cantera; ¡una auténtica barbaridad!, un atentado que mancilla la serena belleza de la sierra, devorando sus entrañas de manera insaciable cual maligno tumor. Esta cantera la dejaremos atrás cogiendo la pista que va entre escombreras por su lado derecho y que nos lleva, ya en franca subida, a un camino que va soslayando por la derecha la maciza mole de La Escrita (1897m). Se hace un poco largo este primer tramo de subida, con las piernas en frío sin calentamiento previo, que nos dejará a unos 1840m.

Laderas llenas de brezo en flor y genistas, al fondo el Maluro 1934m

Laderas llenas de brezo en flor y genistas, al fondo el Maluro 1934m

La primavera estalla en todo su esplendor cubriendo las laderas de brezos, carquejas y genistas en flor. Desde este tramo se puede observar, a la derecha, valle abajo, las antiguas minas de Valborraz; de donde se extraía el wolframio, también llamado tungsteno, que luego iría con destino a Alemania; otra aportación más del Régimen franquista a Hitler. Este mineral fue muy demandado para la fabricación de armamento durante la segunda guerra mundial. Los próximos 2 kilómetros serán en suave tendencia a subir hasta alcanzar los 1900m siguiendo el cordal, ahora ya por sendero. Mirando al siguiente valle, de nuevo a la derecha, 500 metros por debajo vemos el mítico Teixedal de Casaio, relicto bosque de tejos, de los más importantes de toda Europa meridional; ya escribiré acerca de él en otra ocasión.

Peña Survía, a sus pies Lagoa do Penedo

Peña Survía, a sus pies Lagoa do Penedo

Y por fin llega el plato fuerte, después de superar el promontorio que nos impedía su visión. La espectacular cara norte de Pena Survía (2112m) se nos presenta majestuosa, luciendo a sus pies la interesante Lagoa do Penedo (1772m), laguna de origen glaciar, de donde nace el arroyo que regará, un poco más abajo, el citado Teixedal de Casaio.

Este zoom a la Lagoa do Penedo lo hice en Marzo, con un nivel de agua bajísimo, debido al seco invierno del año 2012

Este zoom a la Lagoa do Penedo lo hice en Marzo, con un nivel de agua bajísimo, debido al seco invierno del año 2012

Aprovechando este incomparable escenario decidimos darle un poco a la mandíbula, atacando con inusitadas ganas el bocata de rigor; mientras disfrutábamos del paisaje. En esto que veo una enorme ave planeadora surcar el cielo -¡coño, qué es eso!!- exclamo intrigado. Cojo a toda prisa los prismáticos para identificar de manera inmediata la inconfundible silueta de un buitre leonado. La alegría que me llevo, como buen aficionado a la ornitología es grande, no se prodiga demasiado este impresionante necrófago en Galicia; ya que en esta Comunidad no anida, aunque sí se adentran en ella ejemplares procedentes de Asturias, Castilla y Portugal.

Terminamos de comer mientras observábamos como, en grandes círculos, el buitre pasaba, de una manera que ya quisiéramos nosotros, junto a la cima de Peña Survía y desaparecía tras ella, ya en tierras Castellanas. Reiniciamos la marcha dirigiéndonos a nuestro cercano objetivo. Justo al lado del sendero nos quedamos contemplando con auténtico asombro un pequeño promontorio semiesférico de unos 30x30x30cm aproximadamente, constituido por tierra y materia vegetal -¡Un hormiguero de hormigas rojas!- Desde luego hoy es nuestro día de suerte, pensé. Ya no resulta fácil encontrar un hormiguero de este tipo en los abrigados y fértiles valles y nos vamos a encontrar uno a 1900 metros de altura, donde el crudo invierno dura la mitad del año; para no creérselo, vaya.

Vamos enfilando hacia la cara norte...

Vamos enfilando hacia la cara norte…

Según nos vamos acercando a la umbría, identifico un pequeño ejemplar de Serbal de los Cazadores que se atreve a sobrevivir a estas alturas, algún abedul y ya se empiezan a ver los Enebros rastreros; pequeño arbolito de montaña que raramente supera el medio metro de altura; ya que crece más en sentido horizontal para aprovechar al máximo la radiación solar que se acumula en el suelo y sobre todo en las rocas. El sendero aumenta claramente de pendiente a medida que vamos subiendo hacia el llamado, no se por que, Paso de los franceses (1970m); pero antes de acabar esta subida, abandonaremos el amable sendero para enfrentarnos directamente a la dura y empinada cara norte de Peña Survía. Nos queda aproximadamente medio kilómetro para hacer cumbre en el que tendremos que afrontar algo más de 200 metros de subida, no está nada mal.

En contraste con la cara norte, la cara sur de Peña Survía causa casi depresión. Al fondo el cordal de los montes Aquilianos, izquierda Pico Tuerto 2051m y justo solapándose con el pico de Peña Survía, el Alto de las Berdiaínas 2116m y la Silla de la Yegua 2143m

Desde Peña Trevinca: en contraste con la cara norte, la cara sur de Peña Survía provoca casi depresión. Al fondo el cordal de los montes Aquilianos, izquierda Pico Tuerto 2051m y justo solapándose con el pico de Peña Survía, el Alto de las Berdiaínas 2116m y la Silla de la Yegua 2143m

Vamos subiendo a ritmo y con calma, el terreno ya no está para bromas. Con esta pendiente una caída que te suponga dar más de una vuelta sin autodetenerte puede suponer que las que te detengan sean las rocas del fondo. Aún me acuerdo cuando subí la primera vez, en esta zona me compliqué la vida al pisar algo de nieve helada, lo cual me supuso un buen resbalón de regalo y el susto consiguiente. Tomamos resuello y un buen trago bajo un pequeño resalte de pizarras antes de afrontar la que va a ser la rampa del día. ¡A cuatro patas, oiga!!, literalmente casi hay que ponerse como un cuadrúpedo para poder rebasar los 15-20 metros de rampa que nos dejará en el rellano cimero. De aquí a la cima solo nos separa un pequeño e incómodo canchal. Por fin descansamos a gusto disfrutando del sol tumbados en las rocas de la cima, coronada por dos grandes lajas de gneis puestas en vertical, muy original. Espectaculares vistas hacia el valle glaciar del río Tera, Peña Negra y Peña Trevinca. El mundo es nuestro. Rodrigo me avisa de la presencia de unos misteriosos coleópteros de un llamativo color azul-cobalto metalizado de 1-2 cm de longitud. En efecto, resulta que pululando por la cima había docenas de estos escarabajos que, por alguna extraña razón, se habían citado en tan relevante lugar; probablemente para reproducirse. ¡Vaya orgía!

Cima de Peña Survía

Cima de Peña Survía

Una vez satisfecha nuestra hambre de cumbre, iniciamos la ahora trepidante bajada; recuperando la seguridad del sendero con relativa rapidez. Proseguimos el descenso hacia la cantera no sin antes contemplar por última vez la discreta y dura belleza de la cara norte de esta montaña. Un fuerte aleteo nos sobresalta; hemos levantado al pie del sendero un par de perdices que se alejan asustadas. Me quedo con las ganas de saber si es la perdiz roja o la perdiz pardilla, ya que las muy puñeteras son iguales vistas por detrás; imposible por tanto su identificación. Prefiero quedarme con la idea de que he visto a la más escasa perdiz pardilla; pero, con rigor científico, no puedo asegurarlo.

Como nos queda todavía algo de tiempo paramos a la altura de La Escrita, todavía con unas vistas decentes, antes de bajar a la indecente cantera; cuando veo aparecer por su cima y en nuestra dirección…-deben ser un par de buitres- comento, ya que acabábamos de ver uno hacía unas horas. Se siguen acercando…-caramba-…cojo los prismáticos…-vaya-…observo al ejemplar más grande y hermoso, que tiene un inconfundible píleo (parte de atrás de la cabeza) dorado que la delata. -¡Es un Águila Real!!- comento excitado y casi a gritos. Qué visión más espectacular; por el tamaño, las hembras son mayores que los machos, sin duda es una poderosa hembra con su pollo volandero al lado. Sin mostrar cobardía o recelo, solo faltaría; la reina de las aves pasa con gallardía, orgullosa y confiada, mostrando a su heredero, a solo unas decenas de metros por encima de nosotros, pobres súbditos, que no podemos sino mirarla con cara de embobados; ¡qué porte! oiga, ¡qué elegancia! Merece sin duda el regio apellido que lleva.

Nos vamos con buen sabor de boca. La madre naturaleza nos ha obsequiado hoy generosamente con unas cuantas pinceladas de color que hemos sabido apreciar y disfrutar y que, sin duda, quedarán grabadas de manera indeleble en nuestra memoria.

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