En este caso sombras del pasado

Es Febrero, después de unas interminables semanas de lluvias se abre un paréntesis que coincide con fin de semana, así que hay que aprovechar. Destino: Sierra del Xurés, frontera natural entre Ourense y Portugal (allí se llama Gerês). La idea es remontar el valle que forma el río Vilameá, que tiene su naciente prácticamente en la línea fronteriza, hasta llegar a la abandonada Mina de las Sombras, que coge el nombre de este interesante valle. ¿Te animas a caminar con nosotros?

Detalle del valle

Detalle del valle

Esta ruta la comenzamos en la Hermita de Nuestra Señora del Xurés; a la que se sube desde el pueblo de Vilameá (como el río). Para llegar hasta aquí cogemos la N-540 que desde Ourense va a Portugal, desviándonos a Lobios y de allí en 4 km. ya estaremos en nuestro destino.

Esta sierra no es alta, sus máximas alturas superan por poco los 1500 metros, pero tiene la peculiaridad de que aquí se formaron los glaciares más occidentales de la Europa continental.

Empezamos la caminata con cero grados centígrados, ni frío ni calor, por una buena pista de tierra. Partimos de poco más de 700 metros de altura y en unos 8 kilómetros tendremos que subir hasta poco más de 1200 metros, altura a la que está la mina. Los 2 primeros kilómetros son llanos, en ligera bajada que nos hace perder sólo unas decenas de metros; para cruzar el río por el Puente de Porta Paredes, reconstruido después de que la furia de este salvaje e indómito río se lo llevara años atrás.

Puente de Porta Paredes

Puente de Porta Paredes

La pista se acaba y empieza la larga y continua subida por un rudo camino sembrado de pedruscos y socavones.

Hace unos años a mitad de la subida, a mitad del invierno, un grupo de cuatro avezados montañeros tuvimos que dar media vuelta; cuando la nieve nos empezó a llegar a donde las piernas pierden su casto nombre; pero ahora, sin esa dificultad ¡es nuestro momento!!

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Por desgracia las abruptas laderas de esta sierra están muy castigadas por los incendios, pero tenemos unas estupendas vistas de este precioso y furioso río; que nada más nacer se ve obligado a salvar un importante desnivel; y lo hace con donaire, premiándonos con una interminable serie de preciosos saltos y cascadas, a cual más bonita. Es de destacar también la cantidad de pozas color esmeralda con las que nos va premiando a lo largo de la subida. Así disfrutando de su recorrido, se va haciendo más entretenida la ascensión.

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Nos quedan algo menos de 2 kilómetros y la pendiente disminuya claramente hasta hacerse casi llano el camino; hemos llegado al denominado Chan da Vella, a unos 1000 metros de altura, antigua zona de pastos donde subían los pastores con el ganado. Nos desviamos unos 15-20 metros a la derecha para ver una interesantísima chivana, antiquísimo tipo de construcción, que usaban los pastores, probablemente desde hace muchos siglos, para pasar el verano cuidando el ganado del pueblo. Esta construcción tiene forma semiesférica, a modo de iglú, de unos 2 metros de altura por otros 2 ó algo más de diámetro. Como se puede observar está construida totalmente de piedra, por tanto no puede ser destruida por el fuego. Por encima está recubierta con tierra y hierba, aumentando así su capacidad aislante e impermeabilizando el interior. El único vano que tiene es la puerta, de unos 50 cm de altura, hay que entrar a cuatro patas, pero esto ayuda a minimizar las pérdidas de calor, manteniendo el interior a una temperatura agradable. Comprobamos con asombro que, dentro, se puede poner de pie en el centro una persona de talla superior a 1,80 metros ¡no nos lo podíamos creer!

Chivana de Chan da Vella

Chivana de Chan da Vella

Una vez pasado el Chan da Vella, la pendiente vuelve a aumentar de manera evidente y en un buen arreón, después de pasar junto al tajo que forma la impetuosa Corga das Negras, nos plantamos en la Mina de las Sombras, o mejor dicho, en lo que queda de ella.

La Corga das Negras abre un tajo en la ladera como si el duro granito fuera mantequilla

La Corga das Negras abre un tajo en la ladera como si el duro granito fuera mantequilla

En esta mina se extraía wolframio, también llamado tungsteno. Un mineral muy duro y muy resistente a altas temperaturas. Es el que se usa, por ejemplo, en los filamentos de las bombillas incandescentes. Esta mina surgió, como otras muchas, en la burbuja del wolframio, II Guerra Mundial. Alemania empezó a usarlo para mejorar sus proyectiles y armamento, pero tenía que importarlo. El mayor productor era China, pero debido a la guerra su importación a través de la antigua URSS se interrumpió; por mar la Royal Navy inglesa impedía su llegada. Hitler pactó con Franco su importación a través de la tomada Francia. Debido a su escasez el precio se disparó hasta aumentar en ¡nada menos que 20 veces!! Me río de la reciente burbuja inmobiliaria. En España crecieron como hongos las empresas dedicadas a su extracción, llegando a suponer nada menos que el 20% de las exportaciones. Gracias a estos ingresos España llegó a amortizar casi toda la deuda contraída en la Guerra Civil. Lo pagó caro con la restricción de importaciones de petróleo y otros productos que le impusieron los países aliados hasta la llegada del Plan Marshall.

Uno de los barracones de la mina

Uno de los barracones de la mina

El comité de bienvenida lo forman unas vías desnortadas, que conducen hacia una escombrera; los antiguos barracones están sin techumbre, ventanas y puertas. La cadena de trituración y lavado del mineral nos mira tullida y desmembrada como mudo testigo del paso del tiempo. Decrepitud y decadencia de la sociedad industrial…pero también hay un punto de estética en todo ello…

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La naturaleza reclama de manera vehemente lo que en su día le arrebataron. Tras las intensas lluvias el agua penetra abundante por las paredes de los barracones, saliendo a borbotones por los huecos de las puertas; el camino principal se ha convertido en un arroyo. Vamos de piedra en piedra hasta llegar a la bocamina.

Entrada a la mina

Entrada a la mina

Observamos que en su día tapiaron la entrada con un muro de bloques de hormigón, pero la curiosidad y ganas de aventura pueden ser más fuertes que el duro cemento, como bien se puede observar en la foto. Contemplamos también con fastidio como una pequeña pero incómoda cortina de agua cae justo delante del hueco del muro, imposible pasar sin mojarse. Para completar la carrera de obstáculos la trinchera que da a la bocamina tiene una lámina de agua de cuatro o cinco dedos -¡Lamadrequelaparió!!- exclamo todo contrariado. Resulta que traje mis veteranas botas de montaña, que ya no podrían con semejante océano; las nuevas todavía las estoy domando…y como hacía buen tiempo…-¡MIERDA!!- Con inevitable frustración decido no entrar, solo pensar tener que hacer 8 kilómetros de vuelta con los pies mojados me caen los sudores.

Un grupo de 4 portugueses que acaban de llegar se preparan para entrar en la mina. Rodrigo ni corto ni perezoso coge una pequeña plancha de metal a modo de paraguas y entra con ellos, dejándome con la duda de si cortarme las venas o dejármelas largas.

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El interior de la mina está como el exterior, lleno de agua. Siguiendo la vía Rodrigo se va internando en las entrañas de la montaña, cuando se encuentra una sorpresa en forma de la vagoneta que usaron en el rodaje de Indiana Jones, un poco más desvencijada claro, y emulando a Harrison Ford, la ocasión no era para menos, se sube a ella y empieza a darle zapatilla; pasa junto al grupo de portugueses, que alucinados y con la boca abierta no pueden decir otra cosa más que -¡BRAVO!!- y prosigue su viaje hacia el centro de la tierra.

Vagoneta de Harrison Ford

Vagoneta de Harrison Ford

No es que la mina sea un lugar de inusitada belleza, así que cuando los portugueses deciden marcharse y Rodrigo se queda solo, se da cuenta de que cualquier contratiempo que tenga puede suponerle un serio problema. La oscuridad y el silencio es total, el aislamiento absoluto.

Casi mete miedo, parecen los mismisimos ojos de la oscuridad

Casi mete miedo, parecen los mismisimos ojos de la oscuridad

El ya intenso sol de Febrero mitiga un poco el cortante viento del norte. Disfruto de la amplitud de vistas que me otorga la sierra. La impresionante mole del Pico Sobreiro (1542m) cubierta con una fina capa de nieve, amenaza con desplomarse sobre mí.

Pico Sobreiro

Pico Sobreiro

Me entretengo recorriendo las ruinas y sacando unas cuantas fotos de la atmósfera decadente y decrépita que me rodea. Luego siguiendo la vetusta y desvencijada vía me acerco a la escombrera para rebuscar como una vieja. Los frutos de mi tesón se materializan en unas incrustaciones de Molibdenita, el wolframio se lo llevaron todo, más feliz que un cuco las meto en la mochila. En esto veo la joya de la corona, un buen pedrusco de Granodiorita con vetas de Cuarzo y con unas buenas incrustaciones de Molibdenita…empiezo a babear…¡me tiro de los pelos!! -¡como voy a llevarme un pedrusco de 10 kilos!!- ¡imposible!!…y aunque así fuese…llego a casa con un “pedrusconio” semejante y Begoña me lo rompe en la cabeza, y me manda a mí y toda la colección de “piedras”, como dice ella, que tengo a tomar viento fresco.

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Detalles de la cadena de lavado y triturado

Detalles de la cadena de lavado y triturado

Rodrigo sale de las entrañas de la madre tierra y se reúne conmigo en la escombrera. Nos ponemos a analizar la situación. Yo tenía pensado, si podíamos, subir el Pico Sobreiro, pero nos entretuvimos bastante en la mina y el sol estaba ya en su recorrido descendente. Además con la fuerte pendiente, el abundante brezo y la ausencia de sendero nos iban a suponer entre hora y media y dos horas más, según mis cálculos sobre el mapa. Quizás demasiado para las, todavía, cortas tardes de invierno. Con un poco de pena decidimos emprender el regreso, el Pico Sobreiro tendrá que quedar para otra ocasión.

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