Caballos libres, chozos centenarios

Esta ruta transcurre por la parte alta de la Sierra del Suido y nos permitirá disfrutar de amplias vistas, manadas de caballos en libertad, abundantes por estos lares, y contemplar los chozos, viejos testigos de la antigua vida pastoril. Ruta breve y sencilla, pero agradable para los cortos días de otoño e invierno. El día se presenta magnífico; el sol comienza a calentar y el espeso manto de niebla que ocupa los valles se va retirando lentamente ¡Vamos allá!

Lo primero que hicimos al parar fue disfrutar de un mar de nubes que aquella mañana estaba especialmente atractivo

Lo primero que hicimos al parar fue disfrutar de un mar de nubes que aquella mañana estaba especialmente atractivo

La Sierra del Suido hace de frontera natural entre las Provincias de Ourense y Pontevedra. Es una sierra baja, supera por poco los 1000 metros de altura; pero es el primer gran murallón geográfico que se encuentran las borrascas que entran desde el Océano Atlántico. Esto supone que tiene un índice de pluviometría muy alto, es uno de las zonas de España donde más llueve, pudiéndose superar los 3000 litros por metro cuadrado/año.

El principal objetivo que llevábamos era observar con detenimiento los chozos, pequeñas cabañas construidas íntegramente en piedra, que servían de refugio al pastor durante los meses de buen tiempo, normalmente entre abril y octubre, con el objeto de aprovechar los pastos de montaña para el ganado. Cada pueblo tenía asignado un chozo, construido por sus habitantes, con una zona de pastos circundantes. Un pastor se encargaba de cuidar el ganado de todo el pueblo y era relevado cada cierto tiempo.

Estas sólidas construcciones tienen una planta de 5×4 metros aproximadamente. Su parte trasera suele estar algo enterrada en el suelo, aprovechando la pendiente del terreno; aumentando así su solidez y aislamiento. Tienen pocos vanos para minimizar así las pérdidas de calor, normalmente una puerta y un pequeño ventanuco. El techo está hecho de lajas de piedra recubiertas de tierra y hierba, para impermeabilizar la cubierta y aislarla mejor. En los muros laterales suelen tener pequeños contrafuertes.

El interior es realmente espectacular. El pesado techo está sostenido por entre 1 a 3 arcos de medio punto  El suelo del chozo está recubierto de losas de piedra para aislar mejor de la humedad. Grandes piedras alargadas a lo largo de las paredes hacen de bancos. En una esquina está el hogar para hacer fuego y en la contraria, en un lecho de piedras elevado, dormía el pastor. Por las paredes hay algunos huecos a modo de alacenas.

Esta foto la saqué desde el fondo del chozo, se puede ver el hueco de la puerta, con dos ventanucos, normalmente tienen uno solo, y entre los dos poderosos arcos, el hueco de una alacena

En esta foto del chozo de Mangüeiro, se puede ver el hueco de la puerta, con dos ventanucos, normalmente tienen uno solo, y entre los dos poderosos arcos, el hueco de una alacena

En resumen, son unas construcciones etnológicamente muy interesantes, indestructibles por el fuego, perfectamente integradas en el paisaje; con una increíble calidad de construcción que sigue los patrones arquitectónicos del Románico. Por tanto, podemos decir, sin riesgo a equivocarnos, que estas construcciones tienen varios siglos de antigüedad y probablemente su origen se pueda remontar a la Edad Media.

Para llegar hasta aquí nos dirigiremos a la localidad ourensana de Avión, desde allí iremos al pueblo de Rodeiro o al de Mangüeiro. Desde la carretera que une estos dos pueblos sube una pista asfaltada que atraviesa la sierra y se interna en tierras pontevedresas. Poco antes de acabar la subida vemos el primer chozo, al lado derecho de la carretera. Es el chozo de Mangüeiro, paramos para verlo con calma, quizás sea el más bonito de todos.

Chozo de Mangüeiro, en el lateral se pueden ver los contrafuertes laterales que ayudan a soportar el peso que aguantas los arcos

Chozo de Mangüeiro, en el lateral se pueden ver los contrafuertes laterales que ayudan a soportar el peso que aguantan los arcos. Al lado de la puerta está el característico banco de piedra, claro

Del otro lado de la carretera, un poco más abajo. Sale una pista de tierra que en cerca de 1 km, ya andando, nos llevará al chozo de Rodeiro, el más grande y espacioso. Casi parece una capilla románica. Volvemos al coche por el mismo camino, no sin antes, observar con deleite un precioso ikebana fuera del alcance de los mismísimos maestros japoneses; un extraordinario y primoroso montoncito de cagajones de caballo con una sobria y elegante seta saliendo en medio, todo ello adornado con unas finas ramitas de tojo en flor ¡realmente inigualable!!

Chozo de Rodeiro, a pesar de sus dimensiones, carece de ventanucos

Chozo de Rodeiro, a pesar de sus dimensiones, carece de ventanucos

Dentro daba la sensación de estar en una pequeña iglesia, hasta el suelo está empedrado

Dentro daba la sensación de estar en una pequeña iglesia románica, hasta el suelo está empedrado

Una imagen vale más que mil palabras...

Una imagen vale más que mil palabras…

Una vez en el coche al terminar la subida sale una pista de tierra a la izquierda donde dejamos el coche. Nos ponemos a andar, observados por una manada de caballos que nos miran con indiferencia. En poco más de 3 kilómetros habremos llegado al último chozo.  La ruta transcurre unos 100 metros por debajo del cordal, manteniendo una altura bastante uniforme, en torno a 900 metros aproximadamente. Al poco me doy cuenta de que pudimos haber subido a esta pista desde el chozo de Rodeiro sin tener que coger otra vez el coche.

Aún estaban desayunando los caballos

Aún estaban desayunando los caballos

La pista comienza a descender cuando llegamos al chozo de Abelenda, el único que tiene 3 arcos y que, por desgracia, parte del techo lo tiene cubierto por un plástico negro espantoso. El interior está lleno de sillas, mesas y en una alacena se acumulan 4 ó 5 decenas de botellas de vino vacías. Es evidente que aquí se deben montar unas juergas del carajo.

Chozo de Abelenda

Chozo de Abelenda

Unos cientos de metros más adelante está el chozo de Oroso, pequeño, es el único que tiene un único, pero poderoso arco. El techo está cubierto por una tupida cobertura de hierbas secas; parece que tiene pelo rubio y de punta. El chozo de San Vicente, casi idéntico, se levanta poco después.

Chozo de Oroso

Chozo de Oroso

Chozo de San Vicente

Chozo de San Vicente

Debajo del arcos se pueden ver dos bancos de piedra. En el exterior suelen tener también un banco para controlar el ganado cómodamente

Debajo del arco se pueden ver dos bancos de piedra. En el exterior suelen tener también un banco para controlar el ganado cómodamente

De aquí al siguiente chozo hay más de un kilómetro en subida tendida, pero continua. La pista se convierte poco a poco en camino. En medio de unos verdes prados está situado el chozo de San Xurxo, con unas estupendas vistas. En los demás tuvimos que abrir la puerta, pero éste la tenía abierta, seguramente por olvido de algún excursionista; entramos y claro…parecía una gorrinera, todo lleno de mierda. Encantados tienen que estar los caballos teniendo este fantástico refugio a su disposición.

Chozo de San Xurxo. Como en el resto de chozos, se puede observar que la integración con el entorno es total

Chozo de San Xurxo. Como en el resto de chozos, se puede observar que la integración con el entorno es total

Cerramos la puerta y nos dirigimos hacia el chozo das Cernadas, que se ve casi a tiro de piedra. Enclavado en un bonito paraje, al lado del río Avia. Nos encontramos aquí con otra manada de caballos, un poco más intranquilos que los que estaban al principio de la ruta. Una de las hembras estaba preñada y el hermoso semental blanco nos miraba con cierta desconfianza. Bajo hasta el río, estamos casi en el naciente, y pruebo el agua de una de las arterias más importantes de la provincia de Ourense.

Chozo de as Cernadas, quizás el más pequeño

Chozo de as Cernadas, quizás el más pequeño

De reducidas dimensiones, el interior está muy bien rematado

De reducidas dimensiones, el interior está muy bien rematado

La manada de la yegua preñada y el semental estaban sesteando al sol, después de pastar toda la mañana

La manada de la yegua preñada y el semental estaba sesteando al sol, después de pastar toda la mañana

La ruta se me hace muy corta, y uno que siempre tira “p’arriba”… a unos 500 metros se eleva la modesta cumbre de O Millo (1016m). Le propongo a Begoña que nos acerquemos en un momento. Con los automatismos que suponen los años de convivencia me pone cara de “si no queda otro remedio…” Empezamos a subir por la ladera monte a través, incómodo…, tojos hasta la rodilla. Comprendo que Begoña no tiene ninguna gana de subir el poco atractivo pico, le digo que me espere sentada en unas rocas. Apuro el paso y en unos minutos llego a la cima, disfruto unos momentos de las vistas y emprendo la bajada. Una vez juntos cambiamos de ladera, ahorrándonos pasar por los dos últimos chozos y recuperando la comodidad del camino de vuelta.

Mondesta cumbre de O Millo (1016m)

Modesta cumbre de O Millo (1016m)

A los caballos también le gustan las vistas que hay desde la cumbre

Los caballos han dejado su recuerdo, sin duda también le gustan las vistas que hay desde la cumbre

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