Tierra, agua, hielo

Aquel mes de Marzo, las ganas de aventura y andaina nos llevan a Rodrigo y a mí a la Sierra Calva; frontera entre las provincias de Ourense y Zamora. Sierra adusta y sobria donde las haya, pero que nos depararía, al menos para mí, una de las rutas más interesantes que he realizado.

Agarraos con ganas que empezamos…

Sierra Calva, el Pico Sextil se observa a la derecha

Sierra Calva, el Pico Sextil se observa a la derecha


 

Esta sierra que apenas supera los 1700m queda claramente empequeñecida ante la cercanía de la sierra de Peña Trevinca, que se levanta unos kilómetros por detrás con más de 2100m. Pero tenía ganas de conocerla por la extraordinaria abundancia de lagunas de origen glaciar que trufan buena parte de su recorrido.
 

Para llegar hasta aquí nos desplazamos a la comarca de A Veiga y cogemos la carretera que une al pueblo Ourensano de Valdín con el de Porto, ya en Zamora. Esta carretera atraviesa la sierra a algo más de 1500m de altura; en esta zona dejamos el coche aparcado y empezamos a andar en clara dirección Este, viendo el desolador panorama que tenemos por delante. Tal y como me imaginaba no hay camino, y ante nosotros se levanta un sinfín de colinas y montículos laberínticos. Al fondo podemos ver el pico Sextil (1757m), nuestro objetivo final, situado a unos 8-9 km.

Desmoralizante comienzo, sin sendero

Desmoralizante comienzo, sin sendero

Monte a través, con brezo hasta la rodilla, vamos perdiendo algo de altura hasta llegar a una laguna, aquí nos encontramos con un camino que viene de no se donde y va hacia donde no se sabe. El camino no lleva la dirección que nos interesa y cogemos una ladera que nos lleva hasta una pequeña cima coronada por un contundente hito. Desde aquí observamos que lo que nos espera es más de lo mismo, subidas y bajadas, brezo para aburrir y la ausencia de camino. Rodrigo me comenta que le gustaría que hubiera nieve. Yo le respondo que pensé que iba a haber más, sólo se veían pequeños neveros a lo lejos; pero que sería probable vieramos más de la que pensábamos.
 

Descendemos hacia una vaguada siguiendo difuminados senderos hechos por los animales y nos encontramos con un murallón de retamas que tenemos que sortear, buscando el paso mejor. Nos enfrentamos a la siguiente subida. Al coronarla vemos en la siguiente vaguada una laguna de formas muy irregulares, tenemos que dar un rodeo por sus orillas para enfrentarnos a la siguiente subida, mucho más corta. Comprobamos aliviados que hemos superado la primera tanda de obstáculos. Ahora se ve el horizonte un poco más libre. Vamos recorriendo el llano cordal dirigiéndonos hacia el siguiente hito, que resulta realmente espectacular, de más de 2 metros de altura; una auténtica obra de arte. Desde aquí se divisan unos pocos más. Levantados por los pastores para poder guiarse en los numerosos días de niebla que hay en estas altas tierras, marcan una referencia que siempre se agradece.

Este hito es una obra de arte

Este hito es una obra de arte

Descendemos hacia un antiguo cercado para el ganado un poco por debajo de otro hito y nos encontramos con otro camino, que parece que sale de la nada. ¡Qué lujo!, y como se anda, oiga… ¡qué comodidad! En unos cientos de metros el camino nos lleva a una pequeña cabaña situada sobre una zona de pastos, donde triscan tranquilamente una manada de caballos.

Llegamos al valle de los caballos, con sendero y cabaña incluida ¡un lujo!

Llegamos al valle de los caballos, con sendero y cabaña incluida ¡un lujo!

Poco antes de llegar a la cabaña el sendero pasa junto a este estético hito

Poco antes de llegar a la cabaña el sendero pasa junto a este estético hito

No pude evitar sacarle una foto al impresionante semental de la manada

No pude evitar sacarle una foto al impresionante semental de la manada

El camino cambia bruscamente de dirección, por lo que decidimos tirar otra vez monte a través en línea recta hacia nuestro objetivo. Subimos por una ladera quemada, lo cual facilita la ascensión. Encontramos un pequeño sendero que seguimos unos cientos de metros. Nos paramos a observar unas evidentes huellas –O de jabalí o de corzo- Le comento a Rodrigo –Me inclino a que sean de corzo- Así como el sendero vino, de repente se va y tenemos que seguir la continua ascensión monte a través.

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Ya estamos por encima de los 1650m de altura y cruzamos el primer nevero. Nos espera una zona llana con tendencia a la bajada. Pasamos junto a otra laguna y compruebo con fastidio que nos hemos desviado más de lo debido a la izquierda. Descendemos un poco hacia la derecha, cruzando un gran nevero metidos hasta la rodilla en la nieve. Progresamos ahora por una especie de corredor tapizado de hierba seca y con un pequeño arroyo que discurre por el medio, alimentado por el deshielo. Uno de los lugares que más me gustaron. Se acaba el corredor y la intuición nos lleva a una fuerte pendiente, inundada por la escorrentía del agua que baja con ganas al arroyo. Levantamos una pareja de perdices. Muy probablemente será la perdiz pardilla. Al acabar la subida nos saluda otra pequeña laguna.

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A partir de aquí nos entran ciertas dudas, por lo que consulto de nuevo el mapa. Hay varios promontorios rocosos y no estamos seguros por donde ir. Nos guiamos de nuevo por la intuición y seguimos por la vereda que parece más sencilla hacia la dirección deseada.
 

Se acaba la subida, ya estamos por encima de los 1700m. Según el mapa estamos en Lagoallos dos Pichos. Una cima plana de medio kilómetro cuadrado coronada por varios promontorios rocosos y trufada de pequeñas lagunas. Este fue el lugar que más me gustó de la ruta. Al acercarnos a uno de los promontorios saltan asustados un par de hermosos corzos que en pocos segundos desaparecen. Si no se hubieran movido, ni los hubiéramos visto. Camuflados entre los brezos y a la sombra de las rocas resultaban invisibles.

Lagoallos dos Pichos, faltan palabras para describir el lugar. Al fondo Peña Trevinca

Lagoallos dos Pichos, faltan palabras para describir el lugar. Al fondo Peña Trevinca

Detalle de otra de las lagunas parcialmente congelada

Detalle de otra de las lagunas parcialmente congelada

Justo en la parte más elevada la visión es de una belleza sobrecogedora. Recorremos las lagunas que, alimentadas por el deshielo, rebosan de agua. Algunas de ellas están todavía semicongeladas, con enormes neveros abrazándolas que contrastan con las oscuras rocas que las enmarcan. Totalmente extasiado, me niego a abandonar ese lugar. Pero el Pico Sextil, en línea recta a un kilómetro, nos reclama a su presencia.

Justo delante tenemos la bajada hacia  la Lagoa dos Pichos, se aprecia en el centro semicolmatada, y la subida final al Pico Sextil

Justo delante tenemos la bajada hacia la Lagoa dos Pichos, se aprecia en el centro semicolmatada, y la subida final al Pico Sextil

Dejo a un lado el bucolismo y nos ponemos en situación. Tenemos una corta pero pronunciada bajada hasta  la Lagoa dos Pichos (1671m) para luego subir a la cima. Descendemos en un momento, aprovechando algún nevero para amortiguar los pasos. La laguna está prácticamente colmatada y está todo encharcado de agua. Una vez atravesado el pequeño tremedal cogemos una pista de origen ignoto y empezamos a subir. La pista termina en una espantosa alambrada que quizás sea para delimitar zonas de pasto de ganado, ya que estamos en la divisoria de Ourense-Zamora; aunque pensando en su desproporcionada altura (unos 2,5m.), supongo que quizás sea para separar cotos de caza; no me imagino ganado alguno capaz de dar semejante salto. Como leones enjaulados nos ponemos Rodrigo y yo a recorrer la alambrada buscando algún resquicio para poder pasar. Veo a lo lejos una cancilla que nos permite franquear el obstáculo. Una vez cerrada retomamos pista de nuevo que, por desgracia, nos lleva directos a la cima. Ciertamente una deshonrosa manera de hollar una cima; si es que se le puede llamar así al punto culminante de esta achaparrada montaña, claro.
 

Nos sentamos en la base del vértice geodésico contemplando con desagrado unas horrorosas antenas situadas al lado, que parecen ser de la televisión autonómica; peajes de la civilización… Cambio de vista y me quedo contemplando la cercana Peña Trevinca (2124m), cubierta de una generosa capa de nieve. ¡Así da gusto!

Ya en la cima mi cara lo dice todo, buffff

Ya en la cima mi cara lo dice todo, buffff

Abusando un poco del zoom saco el detalle de Peña Trevinca (2124m) a la derecha y Peña Negra (2119m) a la izquierda

Abusando un poco del zoom saco el detalle de Peña Trevinca (2124m) a la derecha y Peña Negra (2119m) a la izquierda

La verdad es que estamos algo cansados; no por la distancia, tampoco por el escaso desnivel salvado; sino por tener que hacer la mayor parte de la ruta monte a través, sin la comodidad y seguridad que proporciona un simple camino. El acerado viento se deja notar en la cima, así que le propongo a Rodrigo que vayamos a comer y reponer fuerzas a la cercana Lagoa do Sextil Alto (1700m), que dista a medio kilómetro de la cima. Bajamos por la misma pista que nos lleva en dirección a la laguna. Tras un pequeño promontorio aparece la hermosa laguna como una perla en el desierto. Mucho mayor que las muchas que vimos por el camino, de formas redondeadas y con un enorme nevero convertido en su amante. La emoción nos hace apurar el paso -¡Qué grande es!, ¡Debe tener más de 100 metros de diámetro!- Comento emocionado. De repente me cambia la cara tornándose a una mueca de fastidio. ¡Nos habíamos olvidado de la puñetera alambrada! -¡Mierda!- Miramos para uno y otro lado, pero no hay cancilla a la vista y ya no tenemos ganas de buscar… -Pasamos a la acción, Rodrigo, vamos a saltarla- Observo que el mejor sitio es junto a uno de las varas de acero que la sostiene, ya que entre medias se mueve mucho; subo con cuidado, me paso al otro lado y bajo; acto seguido me sigue Rodrigo.

La puñetera alambrada

La puñetera alambrada

Lagoa de Sextil Alto

Lagoa de Sextil Alto

Llegamos a la orilla, nos apoyamos en unas rocas y sacamos de las mochilas el magro rancho. Se estaba en la gloria, oiga, con el estómago lleno… bueno… medio lleno, a resguardo del viento, bajo un tibio sol y con buenas vistas… ¡qué más se puede pedir! El vuelo de un ánade real me saca de la ensoñación. No dejo de preguntarme qué coño hace aquí este pato tan amante de los abrigados ríos de los valles, también hay patos raritos…

Descanso merecido

Descanso merecido

-Bueno Rodrigo, vamos a hacer sesión fotográfica- Nos dirigimos hacia el gigantesco nevero, que a modo de glaciar en miniatura, se levanta vertical entre 1 y 2 metros sobre la superficie del lago de manera muy fotogénica.

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-Será mejor que no nos acerquemos demasiado al borde, no sea que vaya a ceder y caigamos al agua, que era lo que nos faltaba. –Le comento precavido a Rodrigo. Pero cogemos confianza y nos vamos aventurando. Foto por aquí, foto por allá, internándonos poco a poco en la nieve que está sobre las aguas.

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-Me voy a subir a ese bloque. –Comenta Rodrigo con desparpajo.

-Es mejor que no subas, no ves que está suelto y se puede terminar de romper. –Replico como una vieja.

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Sin darnos cuenta nos acercamos a una zona donde la nieve no tenía tanto grosor… Todo sucedió y los pensamientos cruzaron mi mente en menos de un segundo. De repente siento que la nieve cede bajo mis pies y empiezo a descender. Me tiro en plancha hacia donde está Rodrigo gritando como un loco que casi se me salen los pulmones para afuera -¡Dame la mano Rodrigo!- Me quedo tirado en la nieve firme con las piernas colgando sobre el bloque de nieve que se soltó, por suerte no llegó a colapsar por completo y no acabé en el agua. Me levanto pesadamente y me sacudo el blanco elemento. La cámara de fotos bajo mi peso quedó enterrada en la nieve; afortunadamente compruebo que funciona. Vaya imagen más divertida y patética a la vez, pienso reconstruyendo la escena y riéndome de mí mismo. Pena que no lo grabara alguien. Resulta que el más precavido, el que se acercaba al borde con recelo, mirando como una vieja, es el que casi acaba en el agua por imprudente… La verdad es que tuve suerte, solo pensar en tener que hacer todo el recorrido de vuelta mojado me da un vahído.

Se ve en primer término el bloque que rompió, menos mal que no colapsó de todo

Se ve en primer término el bloque que rompió, menos mal que no colapsó de todo

Después de reírnos un rato y comentar la anécdota del día, decidimos que es el momento de emprender el regreso. El recorrido es exigente y la ausencia de camino nos impediría el avance si se nos echa la noche encima, mejor tener un margen de tranquilidad.
 

Ya de vuelta, el recorrido transcurre sin muchos sobresaltos. A medio camino paramos a comer algo y descansar a orillas de una laguna; me entretengo sacando unas fotos a los crocus y narcisos que empiezan a dar la bienvenida a la primavera. Más adelante, en una zona de mucho brezo, no muy lejos del coche, nos aparece a una centena de metros un corzo, se nos queda mirando paralizado y desconcertado, como si fuéramos una pareja de marcianos con intenciones de abducirlo. Sabía que tenía muy poco tiempo para presionar el botón del obturador antes de que saliera despavorido. Pude aprovechar la oportunidad que no me dieron los dos corzos que nos cruzamos a la ida.

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El coche ya se ve a lo lejos; tratando de acortar decidimos bajar por una ladera que nos lleva a una vaguada. La ladera resulta más pronunciada de lo que pensaba y la vaguada más profunda de lo deseado. A media ladera los brezos ya son más altos que nosotros. Me arrepiento de la decisión. Pero como es cuesta abajo y todos los santos ayudan, nos ponemos en modo bulldozer pisando, rompiendo y pasando por encima de brezos y colándonos entre retamas, hasta llegar al fondo de la vaguada; un antiguo pastizal que está totalmente encharcado de agua. Lo cruzamos de un lado a otro y empezamos a subir por donde baja un arroyo. Libre de vegetación, hacemos mejor la subida que la bajada. En unos cientos de metros llegamos a la primera laguna que encontramos al iniciar la ruta. Cogemos dirección al coche y casi piso la despedida… una ranita de San Antón nos mira con cara de tristeza y depresión, medio congelada de frío parece que nos quiere decir –yo no debería haber despertado todavía…-

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Apretamos el paso hasta llegar al coche, empieza a hacer frío. Nos vamos felices a pesar del esfuerzo, ha sido una ruta dura, exigente y de ruda belleza. Monte en estado puro.

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